jueves, 4 de junio de 2015

Técnica de Preguntas y Respuestas en la Oratoria



Estás en la mitad de tu ponencia y tienes la total atención de tu audiencia. ¡Enhorabuena! Aunque esta ventaja implica el costo de mantenerla, lo cual no siempre es tarea sencilla. Una de las fórmulas que mejor funcionan consiste en realizar preguntas directas al público asistente. Estas cuestiones procuran que la audiencia pueda resetear su atención y les orienta sobre el punto de la charla en el que se encuentran.

Pero, ¿qué sucede cuando es la audiencia quien pregunta al ponente?
Para resolver de la forma más eficiente posible esta situación revisa este decálogo de recomendaciones:

1.- Responde cuando sea preciso.
Mantenemos que las necesidades de la audiencia son prioritarias frente a las del ponente pero, si una persona del público interrumpe una explicación esencial para entender el contenido de la misma, te recomendamos que la contengas pidiendo permiso al interlocutor para hacerlo, y finalices tu punto de la exposición. Posiblemente la respuesta estuviera recogida en el mismo y el hilo de la ponencia permanecerá intacto para el resto de los asistentes. Si no fuera así, simplemente recupera la pregunta, agradécela, y resuélvela en el momento más adecuado.

2.- Repite la pregunta.
Gracias a ello toda la audiencia sabrá ahora, por si no lo hubieran oído o entendido, qué se va a comentar a continuación. Esta repetición también conlleva una ventaja para el orador, quien contará con más tiempo para estructurar la respuesta.

3.- Sé breve.
No te aconsejamos romper el ritmo de la presentación con respuestas demasiado largas. Es importante ser breve ofreciendo, eso sí, una respuesta completa.

4.- Responde a la pregunta siempre y cuando la pregunta tenga relación con la presentación.
Aunque es necesario responder a todas las cuestiones puede que alguna no tenga nada que ver con la ponencia. En este caso es conveniente clarificar el objetivo de la misma y desplazar la respuesta a un entorno informal fuera de la sala.

5.- Si no sabes la respuesta, responde igualmente.
Responde con honestidad si no conoces la respuesta con un: “Sinceramente necesito conocer más sobre este aspecto, permítame y lo averiguaré” y hazlo en cuanto tengas oportunidad.

6.- De nuevo el momento más oportuno.
Si la pregunta guarda relación con algo que está previsto aparecer más adelante en la presentación aplaza tu respuesta explicando que será respondida en los siguientes apartados.

7.- Distánciate del interlocutor.
Un error básico a la hora de responder consultas de la audiencia es acercarse mucho a la persona que la formula dejando de lado el 99% de los asistentes. Para incluir a toda la sala en la respuesta es mejor hacerlo desde el punto opuesto al que se encuentre el interlocutor y, en la medida de lo posible, tratar de responder mirando a toda la sala. El contacto visual es muy importante, finalizando en los ojos de quien pregunto.

8.- Si la pregunta es eterna…
Ninguna pregunta debería superar el minuto o minuto y medio como máximo. Si percibes que se extiende demasiado procura interrumpirla de la forma más cordial. Puedes comentar algo como: Disculpe, me he perdido, ¿me podría decir cuál es la pregunta?

9.- Si el interlocutor es un orador frustrado…
Si intuyes que la persona que realiza la pregunta sólo busca ser reconocido en el grupo, agradécele su intervención aun no estando de acuerdo. Explica tu punto de vista y lo mucho que difieren, pero concédele el reconocimiento de haber realizado la cuestión y sigue con tu charla.

10.- Si quieres que pregunten, ayúdales.
Si llega el turno de preguntas y desde la audiencia no llega ninguna, puedes facilitarles la labor teniendo tú mismo preguntas preparadas. Por ejemplo puedes decir: “… lo que me han preguntado hoy al llegar ha sido …” o “… lo que suelen preguntarme es…”. Cuando te hayas respondido a ti mismo puedes consultar si hay más preguntas. Será más sencillo para la audiencia participar entonces.

¿Quieres aprender a gestionar a la audiencia durante las preguntas?
Aprende las técnicas de los oradores profesionales…
Asiste a nuestro próximo curso de Arte y Ciencia de Hablar en Público.




miércoles, 26 de noviembre de 2014

¿Cómo defender tu idea en una reunión y no morir en el intento?


En consultoría solemos concebir ideas que tenemos que compartir con nuestra gente de confianza antes de ir a la calle. Son el paso previo a la presentación que haremos ante el cliente y donde descartaremos o elegiremos las que saldrán del horno creativo a su mesa. Por mi trayectoria, me ha tocado estar del lado de los que las exponen (con gran terror en algunas ocasiones) y del lado de quienes las escuchan (con gran aburrimiento o entusiasmo, según el caso).

Al final, no dejan de ser “micro presentaciones” donde tenemos que tener los sentidos en alerta, un despliegue de control emocional y una buena base que nos respalde.

Cuando tenemos que resultar creíbles y convertirnos en excelentes vendedores de nuestras iniciativas, no es bueno empezar con un… “bueno, es una tontería que se me ha ocurrido” o “No creo que sea muy buena idea, pero se las cuento”. Al contrario… Hay que ir con muchas ganas y entusiasmo, hay que estar convencido de sus pro y sus contras, es necesario que determines que preguntas hostiles te pueden hacer al respecto y buscar las respuestas apropiadas para que tengas un buen soporte a utilizar en tu exposición. Debes visualizar el entendimiento y la comprensión de tus ideas, afinar el vocablo para evitar las malas interpretaciones y por sobre todo cuidar en gran detalle tu lenguaje corporal ante las respuestas y observaciones de quienes te escuchan. Recuerda que todo lo nuevo causa incertidumbre y es difícil entender algo cuando es tan solo un pensamiento.

Hay gente dispuesta a matar tus ideas…

Una vez que hemos aprendido a no cavar nuestra propia tumba (al exponer nuestra idea), la hemos contado con entusiasmo y vemos sonrisas en las caras de la mayor parte de nuestra audiencia, al mirar alrededor descubrimos una cara que no está tan radiante. Te mira arrugando la nariz como si oliera basura que lleva tres días olvidada en la cocina y ves cómo afila su sable mental. Aquí vamos, es ahora cuando sabrás si de verdad te preparaste para combatir al asesino de tus ideas.

Fauna asesina…

El caso es que no hay un único tipo, así que antes de pasar al contraataque conviene reconocer algunos “clásicos”:

1.- El aterrado
Perfil: Va de “connoiseur”, pero en el fondo tiene miedo de lo nuevo. Intentará abrumarte con su experiencia, pero no te dejes intimidar.
Su frase: Nunca te van a comprar algo así.
Posible Respuesta: Tal vez… y también puede que nunca hayan visto algo así. ¿Qué tiene de malo darle una oportunidad? Si no, podemos volver a lo de siempre.

2 Mr. Serio
Perfil: No tiene sentido del humor, ni falta que le hace.
Su frase: Es una idea absurda.
Posible Respuesta: Así les dijeron a muchos inventores en el pasado y si hubieran hecho caso, el mundo no sería lo que es en la actualidad. Así que lo absurdo puede funcionar.

3 Capitán Bajón
Perfil: Da igual lo que lleves. Siempre le parecerá poca cosa.
Su frase: Eso se le puede haber ocurrido a cualquiera.
Posible Respuesta: Exacto. Pero se nos ha ocurrido a nosotros primero, ¿por qué no aprovecharlo?

4 El Elusivo
Perfil: Nunca te dirá abiertamente que no le interesa, buscará subterfugios para quedar bien y distraer el tiempo. Experto escaqueador.
Su frase: No está mal. Démosle una vuelta y volvamos a ella más adelante.
Posible Respuesta: Me parece genial, ¿cuándo lo agendamos?
Hazte su amigo y utiliza a tu público.

No están todos los que son, pero sí los más destacados asesinos de ideas. Y como tarde o temprano te tocará enfrentarte a ellos, te conviene estar preparado. En cualquier caso, ten en cuenta que la intención de los saboteadores no siempre es hacer daño. A veces, es simplemente su personalidad. Recuerda que es muy fácil criticar, lo difícil es crear. Estos individuos, la mayoría de las veces, esconden una crítica que puede mostrar  un punto frágil de la idea, el cual conviene revisar. Y si ves que el “asesino” no es abiertamente hostil, busca su colaboración para mejorar la idea. Puedes tú mismo nombrar el punto débil y el fuerte de tu iniciativa para que te ayude a construir una mejor propuesta. También debes buscar el apoyo de los asistentes a la reunión quienes hayas visto más entusiasmados con tu exposición.

Una vez identificados y desarmados, los asesinos de ideas perderán fuerza en la reunión, aunque en la siguiente volverán a la carga; por eso debemos ir siempre bien preparados, tanto para contar nuestra idea, como para aceptar críticas y responderlas con la mayor entereza y destreza de un audaz inventor y gran generador de nuevas iniciativas.
Continua el camino del ingenio, tu puedes lograrlo!

O.A.

jueves, 13 de noviembre de 2014


Nerviosismo antes de hablar en público.


A todos nos preocupa aparecer ante un público y cometer errores. Antes de nuestra presentación la mente, traviesa como es, suele preferir imaginar todo aquello que podría salir mal en lugar de lo que podría salir bien. Eso nos pone nerviosos, como es lógico. Cualquiera que esté interesado en aprender a descubrir estas trampas de la imaginación y a eludirlas puede encontrar las claves que necesita en libros o en nuestros cursos sobre  Arte y Ciencia de Hablar en Público. La información está ahí, al alcance de todos.

¿Es malo estar nervioso antes de hablar en público?

Los participantes, quienes asisten a los talleres que imparto, me plantean con frecuencia preguntas como “¿es malo estar nervioso antes de hablar en público?” o “¿alguna vez me desaparecerán estos nervios?” o tal vez: ¿cómo hago para eliminar estos nervios inútiles? Es natural desear sentir una confianza inquebrantable en uno mismo justo antes de hablar en público, pero eso que llamamos veteranía es algo que se adquiere con la práctica y con el paso del tiempo. No se me ocurre otro camino. Sin embargo, debemos aclarar, la sensación del nerviosismo, eso que te hace temblar las piernas, sentir mariposas en el estómago o impedirte hablar los primeros segundos al enfrentar una audiencia, eso, es algo natural y positivo dependiendo del cristal con que lo mires. Es una cuestión de ¡actitud!

Martin Evans era un gran presentador de nuestro equipo corporativo, era el encargado de entretener al respetable público mientras los ponentes principales  se preparaban detrás del telón. Con su verbo fácil y mordaz, este profesional y buen orador, conseguía hacernos reír a todos con su particular visión de las cuestiones de actualidad.  Por ser su amigo y compañero de equipo, a menudo charlaba con él antes de que saliera al escenario. En una ocasión le pregunté: “Oye, Martin, con tantos años que llevas representando tus monólogos ante tantos públicos alrededor del mundo, ya no te pondrás nervioso, ¿verdad?”. Todavía recuerdo lo que me respondió: “Siempre estoy un poco nervioso, pero no son nervios de miedo o inseguridad, claro. Son los nervios de querer hacerlo bien. El día en que no los sienta justo antes de salir a escena, me preocuparé, porque querrá decir que lo que hago habrá dejado de importarme”.

¿Qué quiero que recuerdes con este relato?


El estrés o nerviosismo provocado por tu alocución debes tomarlo como algo positivo… No pasa nada por estar nervioso. Es natural. Pero aprende a distinguir: ¿a qué se deben esos nervios? ¿Quizás no te has preparado lo suficiente y lo sabes? ¿O son los nervios de querer hacerlo bien? La mejor técnica para que desaparezca el miedo y la inseguridad es preparar y ensayar tu presentación a conciencia. Después de eso, no luches por aplacar los nervios de querer hacerlo bien, de dar lo mejor de ti mismo. Al contrario, acepta su invitación y entrégate por completo. Visualízate como triunfador, respira profundo y recuerda mantener buen contacto visual con toda tu audiencia mientras fluyen tus ideas y derrochas sabiduría en tus palabras bien pronunciadas. Tu público notará el entusiasmo y la seguridad de tu exposición. 
El éxito está contigo.

miércoles, 5 de noviembre de 2014

Técnica de Preguntas y Respuestas en la Oratoria



Estás en la mitad de tu ponencia y tienes la total atención de tu audiencia. ¡Enhorabuena! Aunque esta ventaja implica el costo de mantenerla, lo cual no siempre es tarea sencilla. Una de las fórmulas que mejor funcionan consiste en realizar preguntas directas al público asistente. Estas cuestiones procuran que la audiencia pueda resetear su atención y les orienta sobre el punto de la charla en el que se encuentran.

Pero, ¿qué sucede cuando es la audiencia quien pregunta al ponente?
Para resolver de la forma más eficiente posible esta situación revisa este decálogo de recomendaciones:

1.- Responde cuando sea preciso.
Mantenemos que las necesidades de la audiencia son prioritarias frente a las del ponente pero, si una persona del público interrumpe una explicación esencial para entender el contenido de la misma, te recomendamos que la contengas pidiendo permiso al interlocutor para hacerlo, y finalices tu punto de la exposición. Posiblemente la respuesta estuviera recogida en el mismo y el hilo de la ponencia permanecerá intacto para el resto de los asistentes. Si no fuera así, simplemente recupera la pregunta, agradécela, y resuélvela en el momento más adecuado.

2.- Repite la pregunta.
Gracias a ello toda la audiencia sabrá ahora, por si no lo hubieran oído o entendido, qué se va a comentar a continuación. Esta repetición también conlleva una ventaja para el orador, quien contará con más tiempo para estructurar la respuesta.

3.- Sé breve.
No te aconsejamos romper el ritmo de la presentación con respuestas demasiado largas. Es importante ser breve ofreciendo, eso sí, una respuesta completa.

4.- Responde a la pregunta siempre y cuando la pregunta tenga relación con la presentación.
Aunque es necesario responder a todas las cuestiones puede que alguna no tenga nada que ver con la ponencia. En este caso es conveniente clarificar el objetivo de la misma y desplazar la respuesta a un entorno informal fuera de la sala.

5.- Si no sabes la respuesta, responde igualmente.
Responde con honestidad si no conoces la respuesta con un: “Sinceramente necesito conocer más sobre este aspecto, permítame y lo averiguaré” y hazlo en cuanto tengas oportunidad.

6.- De nuevo el momento más oportuno.
Si la pregunta guarda relación con algo que está previsto aparecer más adelante en la presentación aplaza tu respuesta explicando que será respondida en los siguientes apartados.

7.- Distánciate del interlocutor.
Un error básico a la hora de responder consultas de la audiencia es acercarse mucho a la persona que la formula dejando de lado el 99% de los asistentes. Para incluir a toda la sala en la respuesta es mejor hacerlo desde el punto opuesto al que se encuentre el interlocutor y, en la medida de lo posible, tratar de responder mirando a toda la sala. El contacto visual es muy importante, finalizando en los ojos de quien pregunto.

8.- Si la pregunta es eterna…
Ninguna pregunta debería superar el minuto o minuto y medio como máximo. Si percibes que se extiende demasiado procura interrumpirla de la forma más cordial. Puedes comentar algo como: Disculpe, me he perdido, ¿me podría decir cuál es la pregunta?

9.- Si el interlocutor es un orador frustrado…
Si intuyes que la persona que realiza la pregunta sólo busca ser reconocido en el grupo, agradécele su intervención aun no estando de acuerdo. Explica tu punto de vista y lo mucho que difieren, pero concédele el reconocimiento de haber realizado la cuestión y sigue con tu charla.

10.- Si quieres que pregunten, ayúdales.
Si llega el turno de preguntas y desde la audiencia no llega ninguna, puedes facilitarles la labor teniendo tú mismo preguntas preparadas. Por ejemplo puedes decir: “… lo que me han preguntado hoy al llegar ha sido …” o “… lo que suelen preguntarme es…”. Cuando te hayas respondido a ti mismo puedes consultar si hay más preguntas. Será más sencillo para la audiencia participar entonces.

¿Quieres aprender a gestionar a la audiencia durante las preguntas?
Aprende las técnicas de los oradores profesionales…
Asiste a nuestro próximo curso de Arte y Ciencia de Hablar en Público.



miércoles, 25 de junio de 2014

Para una Presentación exitosa... hay que visualizarla

Generador de Comportamientos, visualizar una ponencia impecable

Esta técnica de PNL, que se practica en los cursos de “Arte y Ciencia de Hablar en Público”, pretende ayudar a lograr el estado deseado, y el camino posible para lograrlo. A partir de las visualizaciones se irán recorriendo las instancias intermedias que deban transitarse hasta la meta, cuyas fases consisten en:
  • Tener claros aspectos que te gustaría que se mejoraran en tus intervenciones públicas. Por ejemplo, estar más relajado, disfrutar más de la ponencia y del público presente en la misma, experimentar más seguridad sobre el tema (previos conocimientos técnicos y estudio de la materia).
  • Una vez identificados imagina una pantalla de cine en frente de ti por encima de la línea del horizonte y visualízate a ti mismo dando esa ponencia con todos los recursos antes mencionados. La forma de contemplar estas imágenes es siendo un espectador, es decir, un agente disociado del que está ejecutando la acción. Como si fueras el espectador de una película en la que te ves como protagonista.
  • Recuerda la intención positiva de tu ponencia. Procura que el “para qué”, ya sea disfrutar de la ponencia mientras la ofreces, dar información importante o progresar en tu trabajo, sea lo más motivador posible para que el beneficio positivo de la misma sirva de punta de lanza en el proceso.
  • Te visualizas de nuevo de forma disociada, como espectador, pero en esta ocasión tratas de ser consciente de si hay sonidos, del brillo y color de la imagen que estás viendo y de todo lo que captan los sentidos del protagonista de esa película que ves. Aprovecha también para manipular como si de un mando a distancia se tratara, todas las cualidades internas que te gustaría imprimir en tu discurso. Lo seguro que te encuentras, lo tranquilo que estás, lo mucho que disfrutas de tu ejecución. Mejora todo cuanto desees.
  • Sal de ese estado simplemente moviéndote, con una pregunta simple: ¿Qué comiste ayer? Y vuelve después a visualizar esta película, pero con la particularidad de estar asociado esta vez, es decir, vivirlo en tu propia piel. Ahora es a través de tus ojos que miras a la audiencia, que oyes sus sonidos y que sientes las emociones positivas que has introducido anteriormente. Te asocias a todas estas sensaciones y aumentas la emoción positiva que te suscitan hasta el máximo posible. Puedes salir de este estado simplemente con una respiración honda y a partir de un movimiento relajado de tu cuerpo volver al aquí y ahora.
  • Si repetimos esta película ideal en nuestra cabeza los días anteriores a una charla, seremos capaces de mejorar nuestra respuesta emocional ante el hecho de hablar en público, haciendo que la experiencia real también se convierta en más positiva. Para que el proceso se sienta perfectamente incorporado es importante la repetición de esta visualización positiva, al menos una vez al despertarse y otras dos antes de dormir, de esta manera se irá grabando en nuestra mente una nueva conducta de éxito frente al objetivo inicial elegido: “disfrutar y mejorar nuestra manera de presentar ante la audiencia”.
...siempre tendrás éxito, sólo confía en tus pensamientos positivos.
O.A.


lunes, 17 de marzo de 2014

GERENCIANDO TU PROPIA VIDA...
La capacidad de saber guiar nuestra propia vida, de mejorarla y enriquecerla a cada instante la llamaremos "LIDERAZGO PERSONAL". Sin ella, todos nuestros movimientos no tienen dirección definida: ¿qué le pasaría a un vehículo que avanza sin saber a dónde va? …debemos dirigir nuestra vida, es la única forma de lograr lo que
¡realmente queremos!

Para entenderlo mejor: el liderazgo es hacer las cosas correctas, las que deben ser, y la administración es hacer las cosas bien, es una combinación de eficiencia y eficacia para obtener el triunfo personal.

Conozco mucha gente exitosa en su profesión, pero en lo personal son un desastre: no saben gerenciar su vida, ni la de su familia. ¿Cómo puede explicarse esto?
Pues bien… en el mundo de las empresas y los negocios los resultados esperados suelen estar muy claros. Son medibles y ambiciosos, buscan ser elevados y sólo se pueden alcanzar con dedicación, estrategias y recursos. Son objetivos definidos por la Junta Directiva o por una instancia superior que le vienen “impuestos” al gerente y/o profesional para que gestione lo necesario y los alcance. Así, el gerente elabora su plan de acción y orienta a su equipo de trabajo hacia la meta. Con frecuencia monitorea el avance y hace ajustes en el recorrido. Es más, gerente que se aprecie de serlo buscará sobrepasar esa meta y sorprender con su desempeño. Por eso hay muchos gerentes exitosos, tienen claro lo que tienen que hacer y cuentan con los conocimientos y destrezas para llevarlo a cabo. Se han entrenado para ello. Sus investigaciones y estudios lo han habilitado para gerenciar y encaminarlos al logro.

Y, ¿por qué no lo son en el ámbito personal? …imagino que ya sabes la respuesta. Muy poca gente dedica tiempo a definir los resultados que espera en su vida personal. Esos gerentes exitosos lo son porque “otro” le dice lo que tiene que lograr, pero en su vida personal nadie se lo ordena. Claro!, quien se lo va a encomendar si no es él mismo.

Simplemente somos objetos de las circunstancias, de lo que escogimos estudiar, de casarnos y tener hijos. Terminamos trabajando para mantener un estatus en una empresa donde fuimos aceptados y seguimos cumpliendo todos los días la responsabilidad que nos toque vivir. Cuando más, puede ser que decidamos dejar un trabajo, emprender otro, o escoger la casa que “podemos” comprar, no la que queremos ni deseamos.

Algunos siguen jugando a la lotería, con el sueño de ganarse el Kino y esperan que llegue la festividad de año nuevo para pedir los doce deseos. Sólo deseos, ningún propósito que perdure a lo largo del año.

La gerencia exitosa de la vida no tiene que ver con lo que es posible, sino con lo que merecemos, si, merecemos, porque es por lo que luchamos en todo momento. Es detenernos y pensar en el futuro que deseo y aunque parezca imposible, sentir que lo merezco. Sin perder de vista ese futuro, dedicarse a disfrutar del presente sabiendo que para allá vamos. La vida es el resultado de lo que tu hagas de ella, entonces,  ¿Cuáles son los resultados que quieres en tu vida? Esa es una pregunta trascendental. ¿Qué resultados estás obteniendo? Tu vida actual es el resultado de lo vivido, deseado, planificado o no, pero son resultados. Son la consecuencia de las circunstancias o de la decisión que tomaste.

¿Estás donde querías estar? ¿Estás siendo quien querías ser? ¿Haces lo que siempre querías estar haciendo? ¿Tienes lo que has querido tener? …no es posible volver atrás y tener un nuevo comienzo, pero siempre es posible escribir el final. Esa es TU decisión. El pasado ya pasó, no hay vuelta atrás, el presente es un regalo, disfrútalo y prevé ese futuro que tanto añoras.

Alguien escribió que un barco cuando no sabe a qué puerto se dirige cualquier viento es bueno. Y es muy cierto. Hay quienes disfrutan del navegar con los vientos a favor y vivir de lo que les está tocando vivir. No lo voy a criticar. Si los resultados que quieres de la vida es vivir cada día como si fuera el último y dejar de pensar en el futuro, ésa es una opción muy válida. También hay otra posibilidad: definir el puerto al que quieres llegar (Resultados) y enfilar las velas hacia allá. Es posible que muchos vientos estén a favor, que bueno. Pero también es posible que los vientos que llevan al puerto sean débiles y hasta tempestuosos. A veces hay que dejar pasar vientos divinos que nos llevan a otra dirección y enfilarse en línea recta hacia lo que quiero. Esa es la verdadera decisión. Es la posibilidad de tener claro a que le digo SI y a que le digo NO. Le dirás SI a lo que te acerque a tu objetivo y NO a lo que te aleje de él. Pero para ello debes tener muy claro para dónde vas y lo que quieres obtener como resultados.

Y mientras recorres ese camino, debes aclarar lo que te motiva, tus expectativas, tus intenciones. Recuerda que nuestras intenciones marcan el camino a seguir, son como direcciones que seguimos y a las cuales debemos dedicar tiempo y energía. Las direcciones que tomamos en nuestra vida pueden cambiar con el tiempo, por ello, es aconsejable reconocer a tiempo las necesidades de cambio.

Compréndelo, la clave de conducir está en no desviarte de tu camino. Aprender a ejercer la voluntad de seguir una determinada dirección y auto motivarnos a seguirla es tan importante como escogerla. Una vez que sabemos lo que queremos hay que escoger un orden de prioridades. Lo primero debe ser lo primero, si conocemos lo que es esencial conoceremos lo que es superfluo. "Lo superfluo no debe pasar por encima de lo esencial", dijo Goethe.

Además, debemos contar con mecanismos de autocontrol. La retroalimentación es necesaria siempre para comprobar si vamos en la dirección correcta. Alguien dijo una vez que "la eterna vigilancia es el precio de la libertad". La libertad requiere que estemos atentos, la clave de conducir está en no desviarnos del camino.

Por otra parte, no es suficiente ser un profesional exitoso sin serlo de igual forma en tu vida personal. Ni tampoco al revés. Va en ambos sentidos, y uno interviene en el otro.

Piénsalo, todo lo que hacemos tiene consecuencias, y lo que no, también. Todo en la vida se traduce en resultados. Busca los que quieres obtener (triunfador) y no sólo los que puedes lograr (sobreviviente).


Y si tienes alguna duda… háblame!   

viernes, 10 de enero de 2014


Reflexionar para Aprender.


Mucha gente se alarma y pone cara de sorpresa cuando menciono en mis conferencias que mi gran recomendación es que no estudien más, sin antes reflexionar. Sí, no se trata de estudiar más.

Recordando el relato de Stephen Covey: Suponga que se encuentra con alguien quien trabaja febrilmente en el bosque, cortando un árbol con una sierra.
·         ¿Qué está usted haciendo? —le pregunta.
·         ¿No lo ve? responde él con impaciencia. Estoy cortando este árbol.
·         ¡Se le ve exhausto! exclama usted. ¿Cuánto tiempo hace que trabaja?
·         Más de cinco horas, y estoy molido. Esto no es sencillo.
·         ¿Por qué no hace una pausa durante unos minutos y afila la sierra? pregunta usted. Estoy seguro de que cortaría mucho más rápido.
·         No tengo tiempo para afilar la sierra, dice el hombre enfáticamente. Estoy demasiado ocupado aserrando.
El séptimo hábito de Stephen Covey consiste en tomar tiempo para afilar la sierra. En otras palabras, prepararse, estudiar… pero no basta con leer o estudiar un tema, es necesario reflexionar y aprender realmente sobre lo estudiado. Cuantos de nosotros no paramos de estudiar y jamás nos sentimos listos porque tenemos que seguir preparándonos. Esa es la excusa perfecta para no tener resultados. “Es que todavía me estoy preparando”, dicen. A todos ellos les digo… no estudien más sin antes reflexionar en cada tema y realmente aprender llevándolo al mundo real, no basta con mantenerlo en la teoría, hay que aplicarlo!

En los últimos años sólo he leído unos 9 libros NUEVOS por completo. Para muchos, eso es una aberración pues la gente cree que debo ser un gran lector por los cursos que imparto.
En mi equipo de trabajo he tenido grandes e inteligentes profesionales que se leían un libro por fin de semana y otro durante la semana. Yo no sé cómo hacían. ¿Eran más inteligentes que yo?, a veces me lo hacían sentir. Es más, eran capaces de recitar capítulos enteros y dar un gran discurso sobre el contenido de cada libro. Su brillantez me abrumaba.
Para aprender de ellos, les pedía con frecuencia que me contaran de sus recientes lecturas y trataba de hacer análisis e integración de esas ideas. Preguntaba y cuestionaba. Reflexionaba y compartía mi visión de lo que escuchaba.
La verdad es que me maravillaba ante tanta memoria retentiva que exhibían. Eran capaces de leer 8 libros al mes… Inclusive hasta más.
A veces me sentía retado y trataba de igualarlos. Sencillamente no podía. Bastaba que tomara un libro y a las dos páginas tenía que soltarlo porque habían unas ideas fabulosas que ameritaban ser meditadas serenamente. Suele sucederme que al encontrarlas, cierro el libro y me quedo observándome. ¿Qué tiene que ver esa idea conmigo?…con mi trabajo? ¿Cuándo puedo usar estas ideas? ¿En qué oportunidad mis resultados se han visto afectados por cosas como lo expresado en este texto?… Y así puedo pasar horas reflexionando antes de continuar con la lectura.
Claro, se me iba el fin de semana y a lo mejor leí sólo 30 páginas. ¿Será que soy lento para entender los mensajes profundos que hay en un libro? No podía explicarme como alguien puede pasar hojas y más hojas, sin detenerse a procesar lo leído. Hasta cuadros sinópticos preparé en más de una oportunidad para asegurarme de haber entendido bien el texto. En varias ocasiones caí en la tentación de llegar al final del libro. Era como que me dijera a mí mismo: “Más importante que aprender es llegar al final y poder decir que te lo leíste todo en tres días”. Esa carrera me llevó al estrés de tener que leer por leer.

Con el tiempo me sinceré. Es muy fácil leer y no aprender. Lo comprendí mucho más claro al ver a mis hijas estudiando durante años. Pasaban horas tratando de memorizar textos y haciendo el paro de estar “estudiando”. ¿Tanto esfuerzo para qué?... y aun cuando les decía hay que estudiar para aprender, para entender la vida y este universo, sus metas se mantenían igual… estudiar para sacar la mejor nota y pasar a otro grado o nivel, no necesariamente para aprender.

¿Qué es lo verdaderamente importante? No estoy hablando mal sobre leer y estudiar. Es bueno que aclare eso. No estoy diciendo que no leas ni estudies, lo que me parece lamentable es que leas y estudies sin reflexionar y sin aprender.

Retomando el tema de mi dedicación a la lectura, como les mencioné, tengo años sin leer más que 9 libros NUEVOS por completo… “nuevos” “completo”. Y menos aún, de una sola sentada. Algo que estoy haciendo es leer libros básicos, técnicos, clásicos, libros que ya he leído. Libros que me han marcado, que aunque ya los haya leído, su relectura es más rica aún. Con la experiencia y el conocimiento de hoy los interpreto de otra manera, los comprendo más cercanos a mi vida y tiendo a aplicarlos mucho mejor que la primera vez que los leí hace años.
He entendido que para mí es más importante estar constantemente aprendiendo y no necesariamente adquiriendo contenido nuevo y hasta exótico para demostrar que yo sé mucho y que estoy “actualizado”. Estoy disfrutando de esas lecturas de libros ya degustados, que ya he leído, que los abro en cualquier parte y me dejo sorprender.

Es muy fácil leer y estudiar. Lo difícil es aprender. 
¡No estudies más, aprende! APRENDE, porque estudiar es una cosa y aprender es otra. Es ese proceso de observar, reflexionar, entender y ver en la acción cotidiana todas las lecciones que ella encierra. Para comprenderlas mejor y comprenderme mejor, están los libros. En ellos puedo encontrar los elementos para esa comprensión. Eso es aprender.

Leer por leer no es el secreto del éxito… pero si lo es el aprender.

Ah, por cierto. Dije que en los últimos años no he leído muchos libros nuevos completos, pero no tienes idea la cantidad de libros que si leí en el pasado. Es sumamente importante leer, leer para aprender.
Lee mucho y reflexiona mucho sobre lo que lees. No te aprendas un discurso, no te aprendas una lectura. Aprende, es decir, atrapa, interpreta, reflexiona, haz toma de conciencia de lo que debes hacer distinto y, con paciencia, emprende el camino de tu desarrollo, de tu evolución.

Como objetivos para el 2014, proponte leer y estudiar, ampliar tu capacidad de respuesta, aprender a conocerte a ti mismo, a manejar tus emociones, y sobre todo, dedica tiempo a clarificar los resultados que quieres obtener en la vida. Recuerda… no basta con leer y estudiar, hay que reflexionar, razonar, llevar el texto a tu vida para comprender, pero por sobre todo APRENDER!